Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



martes, 17 de enero de 2017

2/12/2016 – La Vía del Nicolau y los caminos de Quer

La semana siguiente, no salí. Dije a Pep y Carles que tenía mucho trabajo pero otro factor de peso fue el pronóstico de mucho frío. Pep y Carles sí que salieron y volvieron a los mismos bosques, centrándose más en la zona de Quer y Matallops.

Hoy, Pep quería volver una última vez. Sigue haciendo frío y estoy convaleciente de otro resfriado pero decido arriesgarme. Además, del track que me enviaron, vi que aún no habían resuelto ese camino que vi a la derecha bajando desde el Roc dels Quatre Batlles con mi hermana y hoy, Pep me promete que todo quedará aclarado.

Pero lo primero es visitar Cal Cabrit. Una casa en ruinas encima de la Vía del Nicolau. El 4/3/2011, Pep y yo recorrimos la parte superior de la Vía de Nicolau, un antiguo ferrocarril, desde Bagà hasta el Pont de l’Avellanet pero la parte inferior, la desconocía totalmente.

Aparcamos el coche en la carretera que va a la Font de la Vinya Vella con una temperatura de -5ºC. Después de visitar las ruinas de la casa, seguimos el trazado de la Vía hasta la entrada de Guardiola. Hay un tramo que no está asfaltado y, la verdad, tiene su encanto y, en primavera, seguro que mucho más.


La Vía del Nicolau entre Bagà y Guardiola

Volvemos a subir al coche y aparcamos bajo la casa de Matallops y subimos la pista que va a la casa de Quer. Debajo de la casa nos desviamos al Torrent de Turbians y pasamos un par de horas sin ver el sol, subiendo y bajando y atando todos los cabos que nos quedan.

Con la satisfacción de haber cumplido nuestra misión, ponemos rumbo nuevamente hacia la casa de Quer donde nos espera el sol. Subimos hacia el camino del Coll de Turbians. Allí, unos 300 metros del camino han sido convertidos en pista, hasta un pequeño afloramiento rocoso que, me imagino, marca el límite de la propiedad de la casa. Al lado, un tubo grueso de goma que trae el agua de la fuente en el fondo del valle. Hace bastante tiempo que no vengo por aquí pero estoy seguro de que antes no  había la pista. ¿Cómo es que la pista se queda aquí y no llega hasta la fuente, ya que ésta parece ser su finalidad? ¿Por falta de permisos? Y ¿por qué entonces se destrozaron gratuitamente 300 metros de camino, sabiendo que la pista quedaría parada en esas rocas?

Son preguntas que no podremos contestar aquí y decido dejarlo correr. Caminamos hasta el afloramiento, donde empieza el camino original y comemos, mirando la cuesta sumida en la sombra que hemos dedicado las últimas semanas a explorar. Mirando este bosque de aspecto anónimo, ¿quién diría que allí dentro hay tantos caminos, incluyendo los grandes ejes que suben desde Guardiola, Bagà y las casas aisladas para pasar la sierra y llegar a Gisclareny? A esos caminos, habría que añadir los secundarios a las fuentes y luego diversas capas de caminos y pistas forestales de distintas épocas. Un auténtico laberinto.

Desentrañando el laberinto

El sol se esconde detrás de la Carena de la Baga y la temperatura baja 5ºC de golpe. Nos levantamos y seguimos el último camino que nos queda por mirar y que nos lleva en media hora directamente al coche. Volviendo en el coche hacia Guardiola por la pista, pasamos por el Coll de la Sala y la entrada del camino donde todo empezó hace 3 semanas. Allí se ve claramente que ha sido usado para bajar troncos y ha pasado a tener un par de metros de ancho, con ramas en el suelo y las marcas de los troncos arrastrados en la tierra. “Tu camino ya es historia”, me dice Pep estoicamente.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9 km; 470 metros de desnivel acumulado.

18/11/2016 – Mas Florit

Hoy, Carles está en la cama con fiebre. La semana pasada, Pep había visto caminos que bajaban hacia Guardiola y Bagà y decidió dedicar hoy a aclarar este tema. También en el mapa del Alpina hay el topónimo Mas Florit pero no indica ningún edificio.
  
Cal Graners; detrás el Moixeró y Tosa d'Alp

Aparcamos en la bifurcación de pistas para al Coll de Turbians. A partir de aquí, siguen un bajar y subir y volver a bajar con una tendencia general de norte a sur que nos permite descifrar una red que salía de Bagà y las casas en la ribera derecha del Bastareny y que apuntaba hacia el paso del Roc dels Quatre Batlles y el Coll de Turbians.

Sube la niebla mirando hacia el este

No voy a aburrir al lector con una descripción pormenorizada de una salida eminentemente académica. Mas Florit, no lo encontramos, tan solo una pila de piedras en una esquina de un llano que podría haber sido una casa. Y un detalle gastronómico: un manzano al borde de un campo con unas manzanas ecológicas aún en perfecto estado y de las que dimos buena cuenta. Y al final, 200 metros de desnivel de propina para tener en el GPS un camino ya conocido que subía desde Bagà hacia la Collada de la Font de la Paleta.

Aquí se ve claramente la línea del camino entre dos muros. El manzano estaba al final, casi tocando el bosque

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,5 km; 560 metros de desnivel acumulado.

sábado, 24 de diciembre de 2016

11/11/2016 – Regreso al Bac Extremer

Ha cambiado el tiempo y tenemos que bajar de altura. Sin embargo, Pep considera que aún es pronto para bajar al Baix Berguedà. En el Mikado, afrontamos nuevamente la eterna pregunta: ¿Dónde vamos? De repente, me acuerdo de una espina que lleva un año clavado. El 20 de noviembre del año pasado, fuimos al Coll de la Sala, detrás del Monasterio de Sant Llorenç de prop Bagà, y Pep no me dejó subir un camino que seguro que iba a algún sitio. Y arriba, encontramos otro camino que surgió de la nada para pasar el Serrat de les Hores y nunca averiguamos su punto de origen.

“Ha llegado la hora de ver qué pasa en esa cuesta”, les digo con convicción a Pep y Carles. Aparcamos en la pista, encima de la casa del Vilar y nos plantamos nuevamente  en el Coll de la Sala. No parece haber cambiado mucho desde el año pasado. Subimos primero el camino de bajar troncos y luego vemos el otro que marcha a la derecha. Como la idea era mía, Pep me hace pasar delante y él ocupa mi puesto atrás.

El camino sube con pendiente constante en diagonal hacia el noroeste. Parece que lo limpian los cazadores de vez en cuando. Aunque se ven marcas del paso de troncos, hay indicios más que suficientes de que se trata de un camino importante y todo indica que va hacia el Coll de Turbians.

A lo lejos se oye el ruido de una motosierra. Apartando el boj, me siento como un rompehielos que aparta el hielo con una elegancia poderosa para abrir un paso. De repente, se oye una voz desde atrás que rompe la magia del momento: “Ya están cortando arriba y vamos directamente hacia ellos. Suerte si no nos cae un árbol encima. Como mínimo, no podremos pasar por las ramas. Y el resto del camino estará destrozado por una pista asquerosa llena de fango”. Miro hacia atrás extrañado; es como si estuviera oyendo a mí mismo. ¿Qué influencia maléfica tendría eso de ir el último, me pregunto, que lo más natural parece ser quejarse?.

Pero Pep tiene razón. Al final, las ramas nos obstaculizan el camino y, con cierta dificultad, salimos a una pista nueva llena de fango. Imposible continuar: aparte de que el camino ya no se ve, iremos directamente hacia la motosierra y el crujir de los árboles que caen.

La pista nueva

Resbalando en el barro, llegamos a la pista principal y subimos hasta la Collada de la Font de la Paleta. Pep propone seguir la pista hasta Coll de Turbians, a ver si encontramos alguna otra cosa. Estudio mis mapas. Estamos casi a la misma altura que el camino que viene del Serrat de les Hores. Señalo un camino para bajar troncos que sube la cuesta, parte de la Xarxa Lenta y que va al Roc dels Quatre Batlles: “Por aquí se tendría que ver un camino que marcha a la izquierda en algún punto. Probémoslo”.

Subimos una pendiente. Alguna curva que se aparta de la línea recta muestra que se abrió sobre un camino anterior. Pep y Carles ya están unos 20 metros por delante mío, hablando de castillos y dominios y no han visto lo que veo yo: Un sendero tenue que marcha a la izquierda. Les llamo y lo seguimos. Lleva a lo que había sido una fuente importante y ahora es un lodazal. A partir de aquí, el camino dobla su anchura y continúa subiendo con ligera pendiente.

El camino del Serrat de les Hores

A Pep de repente se le hace la luz. “Este camino no viene de abajo sino de arriba; es para bajar. Por aquí traerían los animales desde las pasturas del Tossal para beber agua”. Seguimos subiendo y finalmente enlazamos con el tramo que encontramos el año pasado. Tot aclarit. Y damos la vuelta.

Mirando hacia el norte antes de llegar al Roc de Quatre Batlles. Al fondo, Tosa d'Alp y Puigllançada, abajo, Bagà

Al llegar otra vez al punto de inicio del camino, seguimos subiendo hacia el Roc de Quatre Batlles. 200 metros más de desnivel que había olvidado desde la última vez que subimos. Pasamos la cresta hacia la cara sur y buscamos un sitio para almorzar.

El camino de la solana hacia Rocadecans

Aparte de las fraguas, Pep ha sido requerido en varias ocasiones para dar charlas sobre temas variados. Una vez, habló sobre los maestros de la escuela pública de Gironella en la Segunda República. Otra vez, era sobre la minería del carbón como introducción a una película que se proyectaba en Gironella. Está claro que Pep ha adquirido un bagaje de conocimientos muy amplio en los últimos años y, mientras comemos con vistas a todo el municipio de Vallcebre, nos entretenemos a enumerar todos los temas sobre los que Pep podría hablar. “¿La neolítica del Berguedà?”. “Evidentemente”, dice Pep. “¿Las carboneras del Catllaràs?”. “Una por una”. “¿Las baumas (o cuevas)?” “¿Cuántas quieres?”. “¿Los puentes del Llobregat?” “En 30 minutos, tengo el Powerpoint a punto”. “¿Los castillos?”. “Con sus términos”. Y así seguimos durante unos cuantos minutos.

 Vista hacia el sur, con una panorámica de Vallcebre

Y hacia el oeste, con Pedraforca

Pero por fin es hora de ponernos en marcha otra vez. Bajamos un camino que va hacia El Quer. Hace unos cuantos años (igual unos 10 años), habíamos hecho una salida con mi hermana por ambos caras de esta sierra y habíamos encontrado este camino, tapado pero auténtico. Ya casi abajo, habíamos dejado un camino que iba hacia la derecha y, ya que estamos por aquí, sería interesante saber adónde iba. 

Para asegurarse de no equivocarse, Pep me coge los mapas. El camino cruza la pista que va al Coll de Turbians y continúa al otro lado. Pero aquí Pep y Carles, enfrascados en una nueva discusión sobre castillos, se equivocan y van hacia la derecha en vez de hacia la izquierda y acabamos en una ‘artiga’ (ver Glosario) que ya conocíamos y sin camino. Cuando nos damos cuenta, es demasiado tarde para volver atrás. “Ahora no lo sabremos nunca”, pienso con tristeza. “No creo que volvamos por aquí nunca más”.

La casa de Quer. A la izquierda, Roca Tiraval

Bajamos como podemos hasta la pista, la misma que va al Coll de Turbians pero más abajo. De camino hacia el coche, Pep ve más caminos que pueden llevar a lugares interesantes. “Aquí hay para un par de salidas más”, concluye.

En la Font de la Vinya Vella, una cesta llena de ‘fredolics’ yace abandonada sobre una de las mesas de piedra. El lugar está totalmente desierto. Nos miramos: ¿nos la llevamos o no? Con cierto esfuerzo, resistimos la tentación y seguimos por la pista. Y menos mal: no pasan dos minutos que vemos a dos hombres de mediana edad que vienen caminando a toda prisa hacia nosotros con expresiones visibles de ansiedad en los rostros, seguramente para recuperar el tesoro que habían olvidado. 

El valle del Llobregat con el sol de la tarde. Se ve la casa del Vilar

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,4 km; 620 metros de desnivel acumulado.

4/11/2016 – El camino de l’Espà

Tal como estaba programado, la semana después, Pep y Carles hicieron la ruta de Ferrús. No encontraron afloramientos de mineral pero sí kilos y kilos de setas. Los buscadores de setas, tanto los jubilados como los de fin de semana, prefieren no afrontar el desnivel, y se salva del expolio general.

Pep cree que aún puede exprimir un poco más del Pla de l’Espinal. Propone subir por la ruta que bajamos el 30 de septiembre, a ver si se puede subir un poco más arriba, y luego buscar el camino antiguo de l’Espà desde el Coll de la Trapa. Será la última vez que venimos aquí este año ya que está inminente la llegada de un frente frío que traerá la nieve y el invierno.

Como novedad, quiere hacer toda la ruta señalizada desde Saldes y por eso aparcamos en la entrada de la carretera que va al refugio de Lluis Estasen. Hace un día espléndido, sin nubes y nada de frío. Caminamos por la carretera hasta llegar al desvío señalizado a Palomera.

Bajamos por campos siguiendo lo que era un camino antiguo, cruzamos la riera y subimos hasta el Mas del Fred. Aquí nos apartamos del guion: en vez de continuar por el camino señalizado, seguimos otro camino que marcha a la izquierda y, de paso, nos permite aclarar definitivamente una red que tenía marcada parcialmente en mis mapas alrededor de Cal Pujol, identificando caminos de comunicación y otros puramente forestales.

Bajando hacia el Riu Saldes

Salimos nuevamente a la línea de alta tensión y el cortafuegos que recorre todo el valle. Saliendo del bosque, vemos que el tiempo ha cambiado. Empiezan a llegar nubes cada vez más espesas desde el oeste y a nuestra izquierda, todavía en el bosque, oímos el mugir de las vacas y los gritos de los vaqueros, que vienen bajando desde los prados de Palomera, escapando del frío que va a desplomarse sobre toda la comarca.

Caminamos hacia el oeste para reunirnos con el camino señalizado. Anotamos un corral que no habíamos visto hasta ahora, escondido entre las rocas e invisible desde el camino señalizado. A diferencia de hace dos semanas, caminamos por un desierto sin buscadores de setas, dominado por el silencio ahora que se han ido las vacas. Llegamos al Pla de l’Espinal y nuevamente, vemos que el camino se esfuma.

En el Pla d'Espinal, ahora todo para nosotros

Bajo un cielo amenazador, nos sentamos en unos troncos para comer pero enseguida, empiezan a caer gotas e iniciamos la bajada sin camino hacia el Coll de la Trapa. Llegamos a la Carretera de l’Obaga bajo una lluvia fina. La pista da un enorme rodeo para pasar el Riu de Saldes pero justo aquí, el GPS de Carles vuelve a mostrar señales de vida y nos indica un camino a la derecha que habría sido el camino antiguo de Coll de la Trapa y Gòsol.

Llegando al camino de l'Espà

Entramos en un pequeño cañón de arenisca desnuda, salvo en el lecho del río, donde crece la vegetación, como esas películas del Oeste. El contraste con los bosques de pinos y los prados que lo rodean es total. Cruzamos la riera y allí, el GPS de Carles marca otro camino que va hacia Saldes, el camino de l’Espà. Ahora forma parte de la Xarxa Lenta y vemos la pintura amarilla. Para de llover. Pasamos debajo de una casa nueva y de repente, el camino se corta. Ha habido un desprendimiento de tierra y la Xarxa marca un desvío para superarlo. Pep y Carles continúan por el tramo hundido, ahora convertido en una repisa inclinada a 45 grados, pero yo, mirando la caída a mi derecha y considerando mi fama de torpe y sabiendo cómo está la huella de mis botas, opto por la prudencia. “Además, no está de más tener el desvío en el GPS”, me digo a modo de justificación.

Por aquí ya no se pasa

Al otro lado, el camino continúa pero alguien se ha cuidado de borrar las marcas amarillas. Cuando llegamos al coche, empieza a llover con ganas.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,8 km; 360 metros de desnivel acumulado.

viernes, 23 de diciembre de 2016

21/10/2016 – Grau dels Rucs y Grau de la Bonica

Pep quería ir a Ferrús a repetir una ruta que ya fue documentado aquí el 13/9/2013 pero esta vez para buscar más afloramientos de mineral de hierro. Sin embargo, para que no salga repetida una ruta en el blog y teniendo en cuenta que la próxima semana, me voy a Inglaterra, magnánimamente decide aplazarla y propone que volvamos a los bosques de Palomera. Concretamente, una ruta circular que uniría dos ‘graus’ para llegar a la Collada dels Prats y que se me encargó describir hace unos cuantos años.

Desde la Carretera de l’Obaga, la ruta señalizada sube por el camino asfaltado desde el cruce. Aquí, hay una casa que ahora se ha convertido en bar y pequeño restaurante. Un día tendré que volver para probar el café. Esta carretera hace unas cuantas curvas para ir enlazando casas, algunas nuevas con todas las comodidades, y el camino antiguo debía seguir un trazado mucho más recto.


Pedraforca emerge de la niebla

Aparcamos encima de la casa de Cal Pere Esclops para buscar el camino auténtico. A esta hora de la mañana, hay mucha niebla pero ya se ve que la fiebre de la seta está en su punto álgido. Por todos partes, hay coches aparcados y más que suben y en el bosque se oyen voces. Hoy, al ser día laborable para la mayoría de mortales, son mayormente matrimonios u hombres solos, todos de unos 60 años para arriba.

Cal Pere Esclops

Pero nosotros a lo nuestro. No tardamos en ver el rastro del antiguo camino, que pasa delante de la casa en ruinas, y lo vamos siguiendo hasta tener el cruce a la vista. ¿Por qué no se recuperó este camino?, nos preguntamos. Es perfectamente aprovechable. Aquí no vamos a encontrar la respuesta, aunque se podría sospechar la negativa del propietario a permitir el paso, y damos la vuelta y volvemos al coche.

Ya en el coche otra vez, dos hombres vuelven al coche aparcado delante nuestro. Tienen la cesta media llena. “Todo está muy removido aquí”, nos explican. “Poca cosa se va a encontrar ya”.

Mientras la niebla se levanta, seguimos subiendo por la pista rumbo al Grau dels Rucs. Sin embargo, al llegar a la Font dels Gavaits, nos desviamos por el camino de Maçaners a Coll de Pradell. Ya lo conocíamos pero lo seguimos para marcarlo en el GPS. Es un camino muy agradable, que va pasando por el bosque entre antiguos campos. Empezamos a ver las primeras setas, básicamente ‘fredolics’.

Campos abandonados en el camino de Maçaners

Con Cal Guineu a la vista, damos la vuelta y dejamos el camino para subir por el bosque. Entramos en un cortafuegos bajo una línea de media tensión y aquí empezamos a encontrar ‘fredolics’ en cantidades industriales. Se ve que a nadie se le ha ocurrido venir aquí. A Pep y Carles no les queda más remedio que sacar las bolsas y empezar a cogerlos. “Nosotros no buscamos setas, las encontramos”, dirá Carles después, con cierta soberbia.

Fredolics (foto sacada de Wikipedia)

Volvemos a la Font dels Gavaits y entramos en una pista de fuerte pendiente que pasa bajo la línea de alta tensión que recorre todo el valle. Aquí ha habido una explotación intensa del bosque y se han abierto pistas nuevas. Tememos lo peor, sobre todo al ver que las señales de la ruta marchan por una pista de nueva abertura. Pero unos 30 metros después, vemos que la pista se desvía a la izquierda y el camino sigue intacto por una estrecha lengua de bosque sin tocar, mientras otra pista siembra la destrucción a la derecha.

El camino (a la derecha) se salva de ser engullido por la pista (a la izquierda)

Caminamos por este pasillo verde hasta llegar a la entrada del grau. Me pongo a pensar qué podría haber pasado para que se conservara este camino y me imagino una reunión tensa, seguramente totalmente ficticia, en el Ayuntamiento de Saldes entre los cargos electos y el ingeniero forestal. “Tenemos la deuda municipal por las nubes”, dirá el Alcalde. “La construcción es historia. Sólo nos queda el bosque”. “Para sacar esos pinos, habrá que abrir pistas nuevas”, dirá otro concejal y todos mirarán al ingeniero forestal. “Sé exactamente dónde abrirlas”, contestará, pensando en esos senderos que marcan una línea perfecta.  “Pero ojo”, dirá el Alcalde. “Esas rutas señalizadas, ni tocarlas. Que luego saldrá en Facebook que hemos machacado todas las rutas de senderismo”.

Con esos pensamientos, llegamos al Grau dels Rucs. Aún se ve el empedrado. Era la ruta clásica para ir desde Maçaners y Saldes al Coll de Pradell y, desde allí, a Vallcebre y hacia el sur. En septiembre, intentamos con un éxito desigual recuperar una parte superior de la ruta.

Tramo empedrado entrando en el Grau dels Rucs

Con un cielo bastante más nublado, seguimos subiendo hacia la Collada dels Prats. Ya no hace el calor de la mañana y nos paramos lo justo para comer. Siguiendo la pista hacia el Portell Solà, pronto vemos el poste que nos indica hacia el Grau de la Bonica. Primero marcha llano hacia el norte, esquivando por escasos metros pistas nuevas abiertas para cortar el bosque. Se empieza a intuir el caos de bloques a nuestra derecha y luego estamos en el ‘grau’, un estrecho pasillo entre dos rocas y realmente digno de ver.

 El camino al Grau de la Bonica

Entrando en el 'grau'

A partir de aquí se inicia un descenso resbaladizo con fuerte pendiente. Sería un atajo para hacer de pie y de bajada y también aprovechado para bajar troncos. Más abajo, el camino es cortado tres veces por el zigzagueo de una pista transversal nueva. Vuelve a salir el sol y sube la temperatura.

Salimos nuevamente a la línea de alta tensión y giramos a la derecha para ir hacia el coche. Entramos en una pista que va a Cal Cisco. Vemos los muros de un huerto y un camino que baja. Poco después, un prado con una barraca todavía intacta en una esquina. Después, pequeños campos amurallados perdidos en el bosque, con un aire algo fantasmagórico que no deja de tener su encanto, como esos templos aztecos perdidos en la selva. Todo esto habría tenido un aspecto muy diferente hace 100 años.

La barraca, aún en perfecto estado

Seguimos hacia el coche. Hay más pendiente y los campos son más espaciados y rudimentarios. Ya se ha roto el hechizo. En su lugar, vemos residuos que han dejado los buscadores de setas, algunos orgánicos y biodegradables; otros de metal y plástico que durarán mucho más. Recojo alguna lata y pienso en el poco servicio que ha hecho TV3 al país. 

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 520 metros de desnivel acumulado.

martes, 18 de octubre de 2016

7/10/2016 – La mina de hierro de Coll de Jou

Resulta que Pep ha encontrado otro documento en el Archivo de la Corona de Aragón sobre una explotación de hierro en el Coll de Jou y lo tiene que averiguar in situ y tiene que ser hoy.

Hace 5 años que no subo por ese camino y tiene un desnivel muy respetable. Intento mirar el lado positivo: será una buena prueba para ver cómo voy llevando los 60 años.

Aparcamos en una pequeña explanada en la curva de la carretera a Coll de Pal, debajo de la casa de Hospitalet. Desde que estuvimos aquí la última vez, han cambiado el tejado, sustituyendo las tejas rojas por otras negras que parecen hechas de pizarra. En el Valle de Arán, sería lo más habitual pero aquí desentona bastante. Igual que hace 5 años, una multitud de perros, atados en puntos estratégicos para que nadie se desvíe del camino, ladran a nuestro paso.

La casa de Hospitalet con su nuevo tejado

Y empezamos a subir. Es una ruta clásica del excursionismo, un camino milenario y una de las joyas del Parque de Cadí-Moixeró. De hecho, más que un camino, es una obra de arte. Mirando los peñascos desde la carretera, parece imposible que pudiera haber un camino que lleva hasta arriba de todo, pero allí está. Con múltiples curvas, va superando todos los obstáculos con suma maestría y elegancia.

Para la descripción, os remito a la salida del 15/7/2011 que complemento con una pequeña selección de fotos actuales.

Subiendo a la casa de Claper

La casa de Claper

El cielo de la mañana con Les Montanyetes y el Serrat Gran

La vista hacia Ensija

Llegando a la Roca Sança

Seguimos subiendo

Entre Roca Sança y Coll de Deogràcies

Llegamos arriba al Coll de Deogràcies; 730 metros de desnivel y no me ha dolido nada. Allí Pep y Carles comen un plátano y hablamos de temas de sostenibilidad y economía circular. A mí no me gustan los plátanos y los bocadillos los guardo para luego. Un poco más tarde, descubriré que fue un error.

El Coll de Deogràcies

Hacemos la corta distancia que nos separa del Coll de Jou y Pep y Carles empiezan a hacer una batida. Cerca del poste indicador del Coll, Pep encuentra un trozo de mineral de hierro y al lado, un pequeño hoyo.

El poste indicador del Coll de Jou

Mirando hacia La Cerdanya y el Pirineo

Resulta que en 1599, subió desde el pueblo de Urús en Cerdanya una pequeña comitiva para tomar posesión de la mina y autorizar su explotación. Fueron al menos 7 personas: el Delegado del Procurador Real de la Cerdanya, el Procurador del Señor de Gaspar de Vilanova y Perves (propietario de la zona), el descubridor del mineral, dos testigos, el alcalde de Urús y un notario. Hacemos un pequeño viaje en el tiempo. Hoy subimos con ropa ligera, hecha con materiales técnicos: camisetas que dejan evaporar el sudor, chaquetas y botas con Goretex que impiden la entrada del frío y del agua, pantalones con Windstop para que no pase el viento.

En aquel tiempo, con las exuberancias vestimentarias de la Edad de Oro española, no había nada de eso y, aunque hubieran subido a lomo de mulas, no creo que fueran acostumbrados a entornos de alta montaña. Tiene que haber sido algo digno de ver, todas esas autoridades agrupadas alrededor de una roca de color rojizo en medio de la nada. Y luego, cuando se llevó el mineral a la fragua, el maestro herrero lo rechazó por inadecuado y no rentable y la explotación fue abandonada. Mucho gasto para nada, pienso, como esos aeropuertos sin aviones o pasajeros en dominios antiguos o actuales del PP.

Cuando alzamos la vista del suelo, vemos pasar un quebrantahuesos casi a tocar, que luego sube para reunirse con un grupo de unos 30 buitres que están dando vueltas en el cielo. Algo han encontrado.

Con la energía del plátano, Pep quiere mirar si hay más explotaciones y caminamos por el sendero de la cresta hacia Penyes Altes. Pero esa energía yo no la tengo y cuando empieza una nueva subida, no tardo en quejarme. Y así vamos hasta que Pep se cansa de oírme y nos paramos para almorzar en lo alto de un pequeño cerro con vistas que abarcan todas las montañas hacia el sur. Una Vanessa atalanta (una mariposa muy vistosa) va patrullando las rocas delante nuestro, ahora a la derecha, ahora a la izquierda, sin parar y por motivos que desconocemos. ¿Qué va a defender si aquí está sola?

Vanessa (foto de Dolors Agustí)

Desde donde comemos, Pep divisa una roca de color rojizo hacia abajo y decide que hay que explorarlo. Hacemos un descenso precario sin sacar nada en claro y luego un flanqueo igual de precario hasta volver otra vez al camino.

La vista desde nuestro comedor, con Pedraforca y Ensija en el fondo. Penyes Altes es el pico de forma triangular a la derecha

A partir de aquí, iniciamos el largo descenso, disfrutando de los colores, el aire cálido y las vistas. En Claper, en vez de continuar hacia la casa de Hospitalet, Pep gira hacia la izquierda por el camino señalizado que se adentra en el valle y probablemente era el camino usado por los de Claper para llegar a la casa y actual refugio de Rebost.

El camino de Claper hacia el fondo del valle

Al llegar a la pista que sigue el fondo del valle, tomamos nota de un cargador perdido en la vegetación que también era la estación final de un teleférico que bajaba barita desde la mina en la Collada de la Bòfia. Desde aquí, se cargaba en camiones que luego llevaban el mineral a Bagà.

Bajando por la pista hacia el coche, vamos comentando la salida. “Estas rutas clásicas las hemos hecho tantas veces que, sin algún incentivo, no las haríamos”, concluye Pep. “Pero luego, cuando las haces, te das cuenta otra vez de lo majas que son”.

Bajando la pista hacia el coche


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 930 metros de desnivel acumulado.

30/9/2016 – El Pla de l’Espinal

Hoy, volvemos a las faldas de Ensija. La idea es completar esta red de caminos centrada en el Pla de l’Espinal, pero desde abajo. Entramos en la carretera de l’Obaga que marcaría el camino antiguo de Gòsol desde la división de caminos en Maçaners y que va al Coll de la Trapa. Aparcamos en el puente sobre la riera de l’Aigua Salada y caminamos hasta la casa de Cal l’Estevenó. Por aquí subía el camino desde Saldes, según la Minuta.

Pero la erosión, las pistas y la línea de alta tensión han borrado casi todos los indicios y habría sido imposible seguirlo sin el track en el GPS de Carles. Al poco rato, entramos en una pista que se abrió sobre el camino y no la dejamos hasta entrar en los Plans de l’Artic y enlazar con el camino de bajada de la semana pasada.

Repetimos la ruta de naturaleza de la semana pasada, intentando buscar los tramos de camino que, en teoría, nos faltan, pero sin éxito. Está todo muy removido por la explotación del bosque. Eso sí, hace una temperatura agradable, la luz entre las hojas es muy relajante y hasta encontramos alguna seta.

Caminando por el bosque

La ruta señalizada marca una variante hacia el oeste que lleva a una “pleta”. En la placa informativa, dice que aquí había una casa medieval llamada Manso. Hay campos antiguos alrededor pero, si existía esa casa, no queda ni rastro.

La "pleta" donde, dicen, había la casa medieval de Manso

Aquí comemos. La temperatura es muy suave e invita a pasar la tarde … pero Carles tiene que estar de vuelta a las 4. Buscamos el camino señalizado a la Casa Mas Fred. Antiguamente, se usaba para subir los animales a los prados y una línea de piedras separa el camino de los campos al lado.

La línea de alta tensión que corta multitud de caminos

Llegamos a la carretera. Caminando hacia el coche, tengo la sensación de que poco más vamos a sacar de esta zona. Solo quedaría dilucidar el camino antiguo de Gòsol que, según la Minuta, pasaba por debajo de la carretera actual. Eso sí, encontramos setas suficientes para hacer un par de tortillas para cada uno.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,5 km; 380 metros de desnivel acumulado.

23/9/2016 – Palomera

Ante la previsión de tormentas por la tarde, Pep propone dar una vuelta por la zona de Palomera y, concretamente, confirmar el trazado del antiguo camino de Saldes a Palomera. Aparcamos en el área recreativa de Palomera, donde hay unos circuitos suspendidos que pasan de árbol en árbol por tirolinas y distintos tipos de puentes tibetanos, zonas de picnic y una pérgola con información sobre la zona.

La primera actividad hoy es ocuparse de la educación de Carles, que nunca ha subido al asentamiento medieval. Dicen los historiadores que fue un pequeño pueblo de pastores pero, a juzgar por los muchos campos de cultivo alrededor, también se dedicaban a la agricultura.

Desde la zona recreativa, baja un camino hasta un estrecho desfiladero que separa el cerro de Palomera del resto de la montaña. Al subir, vemos restos de paredes, y muchas piedras desparramadas por el suelo. “Aquí había el horno de pan”, explica Pep, mientras entramos en una especie de avenida estrecha. “Y aquí la calle principal, y después las mejores casas. No costaría nada volver a poner las piedras en su sitio para dar una idea de la estructura que había”. Llegamos al final del cerro, donde había la cantera. Aquí se ven las filas rectas cortadas en la roca de donde se sacaban los bloques.

Vista del poblado medieval de Palomera

Bajamos por el mismo sitio y entramos en el desfiladero. La entrada está muy tapada, llena de ortigas. Después es un caos de boj y piedras caídas pero en los huecos de la roca, se habían creado pequeños corrales. “Tampoco costaría nada limpiar esto”, continúa Pep. “Se puede dejar el boj para dar ambiente. Todo este entorno, bien explicado, sería un atractivo histórico de primer orden”. Se ve que hace tiempo lo había mostrado a gente del Ayuntamiento de Saldes pero no se ha hecho nada.

Y dentro del pequeño desfiladero que separa el cerro de Palomera

Salimos al otro lado, subimos al mirador detrás del recinto ganadero y Carles empieza a buscar el track del camino antiguo de Saldes en su GPS. A partir de aquí, está señalizado con pintura naranja. Aquí se hizo una ruta de naturaleza que va recorriendo los bosques. Vamos bajando hacia el norte. Un puente colgante cruza la riera y entramos en una zona de bloques de piedra. El camino pasa entre rocas de grandes dimensiones; es muy atractivo y aún quedan restos del empedrado.

El primer puente colgante

En el camino de Saldes

Llegamos a un mirador con vistas de Pedraforca y el Cadí. Hay un rótulo informativo. “Dice que aquí crecen pino albar y pino negro y hay que tener cuidado con las víboras debajo de las piedras”, observa Pep. “Todo esto es una obviedad. No hace falta decir lo que salta a la vista. ¿Por qué no dice que es el camino antiguo de Saldes a Palomera y tiene siglos de antigüedad?”.

“Para alguien que viene de Barcelona, lo del pino albar no es tan obvio. Y en cuanto a las víboras, ya sabes cómo son los niños de ciudad”, contesto, poniéndome en la piel de los monitores de los escolares urbanitas que siguen la ruta. “Además, es una ruta de naturaleza. No tiene porqué hablar de historia”, concluyo.

"Tanto potencial desaprovechado", lamenta Pep

Continuamos mientras Pep sigue refunfuñando. Entramos en el largo Grau de Palomera donde el camino busca la forma de bajar entre los bloques de piedra. Todo esto es muy recomendable.

Bajando hacia los Plans de l'Artic

Hay una bifurcación. El camino antiguo marcha por la izquierda, entrando finalmente en los Plans de l’Artic. El track de Carles sigue marchando hacia el norte pero nosotros nos desviamos para seguir la ruta de naturaleza. Todo esto lo había hecho con Carles hace unos cuantos años, antes de empezar el blog. Y a raíz de un encargo para describir una ruta, había hecho un repaso de los caminos que llegaban al Pla de l’Espinal, a veces con Pep y a veces con Carles. Había llegado a desentrañar un dibujo parcial pero bastante denso de caminos.

Pasamos por otro puente colgante y entramos en una pista que marcha hacia el oeste. Aquí hay otra placa informativa que nos habla de las distintas categorías de pista. Si tiene más de 4 metros de ancho, es un “camino forestal”; si tiene hasta 3,5 metros, es una “pista forestal”; y si tiene hasta 2,5 metros, es una “pista de desembosque”. Miramos la pista por donde pasamos con una nueva comprensión. Midiendo cuidadosamente su ancho, llegamos a la conclusión de que se trata un “camino forestal”. El conocimiento es poder, pienso.

El segundo puente colgante

Entramos en otra pista, girando hacia el sur, y luego otra que nos lleva nuevamente hacia el este, paralelamente a la primera. Pasamos al lado de una “pleta” y una barraca de piedra, totalmente perdidas en la vegetación y de la que la placa informativa al lado no dice nada, sino que habla de la explotación sostenible y respetuosa del bosque, mostrando la foto de una máquina de oruga para extraer troncos.

Al final de esta pista sale un camino que sube con una pendiente fuerte. Cuando vine con Carles, estaba recién restaurado, con peldaños y barandillas, y pensamos que era un camino nuevo inventado. Pero ahora, con el paso del tiempo, vemos que en realidad es un camino antiguo, solo totalmente reformado. Llegamos a un llano donde hay otro mirador y los restos de una barraca. Poco después, llegaríamos a la carretera donde está aparcado el coche pero Pep va a la esquina oeste, donde ve un camino que baja directamente hacia la “pleta” cubierta por la vegetación al lado de la placa informativa.

El camino restaurado

Estudiamos los mapas y se nos hace la luz. Este dibujo parcial que tengo marcado representa una red que iba conectando todas las “pletas” y barracas entre sí, con un nudo intermedio en el Pla de l’Espinal hay un gran corral y una caseta de piedra. Conectando los cortos tramos que aún no están puestos en el mapa, tendríamos el dibujo completo.

Siguiéndolo en el otro sentido, el camino nuevo que hemos descubierto va bordeando el llano hasta salir en la carretera. Volvemos a Palomera bajo un cielo amenazador. “Bueno, ya está, ¿no?”, digo a Pep. “¿Podemos comer?”.

“Nos falta buscar la Bauma de l’Orri”, contesta Pep. “La marca el mapa del ICC”. Y señala hacia una pared de roca calcárea con unos 200 metros de desnivel. “Sabes que en el ICC ponen los topónimos a voleo, ¿no?”, contesto dubitativo. “Sí, pero hay que comprobarlo. Además, pasaremos por la fuente de l’Aigua Salada, que no conoces”. Miro a Carles pero como es habitual en él, guarda un silencio discreto.

Tras acercarnos un poco más con el coche, ponemos rumbo a la Font de l’Aigua Salada. Cuando llegamos, veo una manantial de agua que sale de un pequeño agujero al pie de una roca, rodeada de una tierra maloliente, fangosa, con un alga asquerosa que es lo único que crece aquí. Detrás hay un enorme hundimiento donde el agua ha disuelto la sal. Continuamos para arriba, hasta llegar a una pared de roca donde se ha desprendido media montaña para abajo.

La Font de L'Aigua Salada; no invita a quedarse y no lo hicimos

Pep inspecciona los alrededores. No hay nada. Mientras tanto, empieza a tronar. Pep me pide los mapas y las referencias del GPS. Una vez localizada nuestra posición, mira hacia arriba. “Faltan 100 metros más de desnivel”. Y señala: “Para allá”. Yo no tengo ningún deseo de seguir subiendo este pendiente sin camino para luego no encontrar nada y así lo iba a decir, dispuesto a amotinarme, cuando de repente se pone a llover con cada vez más fuerza.

Guardo la electrónica y nos ponemos los impermeables a toda prisa. Con los truenos pisándonos los talones, se me desvanece el cansancio de la subida y abro paso entre Carles y Pep para bajar a toda pastilla, con una agilidad que ni en mi juventud tuve.

Almorzamos en la pérgola.

Empieza a salir el sol otra vez desde la pérgola


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 390 metros de desnivel acumulado.