Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



martes, 6 de septiembre de 2016

12/8/2016 – Reencuentro en Montcalb

Como aquellas antiguas representaciones mecánicas del sistema solar, con bolas de metal movidas a distintas velocidades por un complejo mecanismo de engranajes, nuestras respectivas vidas han ido girando en diferentes direcciones hasta que, por fin, el día de hoy todas las bolas hayan quedado alineadas una vez más y podemos salir juntos, con el lujo añadido de la compañía de Josep Maria.

Una vez más, Pep me había delegado la tarea de averiguar el último capricho de Carles en materia de caminos y éste me había confiado que conocía poco la zona entre Montcalb y la Font del Pi.

Empezamos el día con una temperatura bastante más fresca que las últimas semanas, que en algunos momentos ha rozado los 40ºC. Aparcamos en el Pedró de la Creu, detrás del pequeño núcleo de Montcalb, una iglesia y unas casas diseminadas, a 1.400 metros de altura pero con una insolación inmejorable.

Después de tanto tiempo sin vernos, la conversación es muy animada, tanto en el Mikado como en el coche: el stage en Inglaterra de Josep Maria, las excavaciones de Pep, ideas para un nuevo proyecto de Carles y yo con la eterna pregunta de qué pinto en todo esto.

Ya fuera del coche, Pep me pide mis mapas y los estudia detenidamente. Decide la ruta, me devuelve los mapas y nos ponemos en marcha. Delante tenemos una vista larga, con las paredes verticales de Corriu, las casas de Vilacireres y Can Blanc, y en el fondo, la cara oeste de Pedraforca.

 Pedraforca

Las paredes de Corriu, con Can Blanc detras, y la Sierra de Cadí al fondo

En realidad, la ruta de hoy es lo de menos. Es una salida de toma de contacto, como decimos, y más importante es disfrutar de nuestra propia compañía, bañados por la cálida luz de la amistad. Pep se queja de que le hago hablar tres veces seguidas de los mismos castillos en el blog (“la gente me empieza a mirar en la calle”) y Josep Mª no para de rociarse la calva con protector solar pero se niega a ponerse un sombrero. No quiero ni pensar qué cosas habrá creciendo allí dentro de 20 años.

Carles, Josep Mª y Pep intercambian impresiones

Vemos el pequeño núcleo de Bonner y luego entramos en el bosque y ya no hay vistas. 

Bonner

Pep pide el mapa del Alpina a Carles en los cruces, pero hoy solo hay pistas y los caminos brillan por su ausencia. Pasamos por el Portell de Griells, que en su día debía ser un paso impresionante para merecer un nombre propio, pero hoy se ha abierto y ensanchado y es un paso de pista cualquiera.

Estado actual del Portell de Griells

Aquí, con la vista de Ensija delante, comemos. Pep señala los puntos altos: “Aquí tenemos que volver. Hay algo que quiero averiguar”. Miro el pequeño macizo con respeto. Han pasado tres años desde que lo subí por última vez y empiezo a tener una edad.

En el fondo, la temida Sierra de Ensija

Volvemos por la cresta en línea casi recta. Al llegar al coche, veo una carpeta plástica de color azul encima del capot del coche. ¡Son mis mapas! Allí los había dejado en vez de guardarlos en la mochila. Por suerte, Pep no me los pidió en todo el trayecto y pude disfrutar de la salida con la serenidad del olvido, sin tener que sufrir la angustia de no saber si volvería a encontrar los mapas a la vuelta.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 270 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 10 de agosto de 2016

17/6/2016 – Rasos de Peguera

El jueves Pep me llama. Se ve que el camino que marca la Minuta entre Castellar del Riu y Rasos de Peguera no lo tenemos, y no es la ruta señalizada actualmente. Y para bajar, me propone el camino de Rasos a Puigventós. Hace muchos años me había hablado de ese camino como especialmente atractivo pero nunca había encontrado el momento de seguirlo.

Aparcamos en la carretera frente a la entrada de la casa de Puigventós, antigua casa de pagès dedicada al turismo rural y la celebración de bodas y otros eventos. La primera tarea es seguir el camino que conectaba Castellar del Riu y Puigventós. Seguimos lo que ahora es una pista antigua por un prado extenso. En la época de setas, toda esta zona se llena de coches y gente pero hoy lo tenemos todo para nosotros. Hace una temperatura agradable y no hay ni una nube en el cielo, aunque están previstas lluvias intensas para mañana.

Siguiendo el track de la Minuta que Carles ha grabado en su GPS, al final del prado, giramos a la izquierda por una pista secundaria que empieza a bajar por el bosque hacia la casa de Castellar. La pista se convierte en camino y, con la casa a la vista, da un giro y acaba encima del molino.

La casa de Castellar del Riu, desde el antiguo molino

Hace unos cuantos años, Pep y yo habíamos hecho una pequeña campaña por la zona de Castellar y nunca se nos había ocurrido mirar detrás del molino. Pero en aquel tiempo, no conocíamos la existencia de las Minutas y para consultar cualquier documento en el Institut Cartogràfic de Catalunya (ICC), había que viajar a Barcelona.

Antes del giro al molino, vemos dos caminos separados por unos 10 metros que suben hacia Els Porxos. A Pep le gusta el de más abajo; a mí me gusta más el de arriba pero, según Pep, es demasiado recto, “solo para bajar troncos”, dice. Seguimos el de más abajo.

Mientras caminamos, Pep explica detalles de la casa de Castellar, ya que en una ocasión la visitó por dentro para hacer un plano. “Su interior es una maravilla”, dice, “lleno de arcos góticos. Además, empezó como una torre medieval. Luego está la iglesia, las casas medievales alrededor, el molino … Bien explicada, sería una atracción de primer orden y está en un estado de abandono total”, lamenta.

Mientras tanto, el camino se desvía del trazado que tiene Carles en su GPS y acaba muriendo en una valla de propiedad. Subimos sin camino y encontramos otro, que seguimos hacia abajo, deshaciendo los 100 metros de desnivel que habíamos subido con tanto esfuerzo. Cuando llegamos abajo, resulta que el camino bueno es el que había descartado. “No es la primera vez que pasa una cosa así”, le advierto. “No. Y tampoco será la última”, contesta impenitente. Damos la vuelta y empezamos a subir. Se  ven marcas de pintura rosa, señales de antiguas rutas excursionistas y confirmación que vamos por el buen camino.

Subiendo hacia Els Porxos por el lado "equivocado" de la iglesia

A pesar de la pintura, el camino acusa decenios de abandono y está tapado. Llegamos a una bifurcación. El camino de la izquierda parece muy marcado pero muere en el torrente y no se ve continuidad. “Camino de vacas para beber”, sentencia. El otro camino sigue subiendo, dejando la iglesia de San Llorenç dels Porxos a nuestra izquierda (el camino actual deja la iglesia a la derecha). Se mete en el barranco del torrente, llenando el paso de obstáculos. Cuando por fin conseguimos salir de allí, entramos en una zona de manantiales, donde el agua brota del suelo por mil sitios. Debemos saltar de una mata de hierba a otra, intentando evitar hundirnos en la tierra blanda. Está claro que el camino no venía por aquí.

Por fin, conseguimos salir a la pista de la casa de Els Porxos y vamos al pequeño collado entre la casa y la iglesia. Allí parece que baja un camino tenue. Pep baja y explora. “Parece que venía aquí pero, más abajo, no se puede pasar. La vegetación impide continuar”.

Continuamos por el track de la Minuta, siguiendo las indicaciones de Carles. Cruzamos dos veces la carretera de Rasos de Peguera y seguimos subiendo hacia el Xalet de Rasos, ahora con las marcas de la caminada anual de Rasos a Manresa. Este camino lo había hecho yo al poco de recibir la gran remesa de mapas del Parque de Cadí-Moixeró, cuando aún teníamos muchos caminos buenos sin marcar. Sube hasta una especie de pasillo entre dos rocas y luego se aplana. Con la subida, empiezo a toser otra vez y me quedo atrás.

El camino antiguo de Rasos de Peguera

Carles y Pep parecen absortos en su conversación. Desde mi posición 50 metros atrás, no les puedo oír pero me lo puedo imaginar. “Ningún estudio serio de esta zona puede prescindir de la división de territorios entre las casas nobles”, diría Pep. “Donde estamos ahora sería propiedad de los Berga y su influencia se extendía por todo el valle hacia el Aigua d’Ora, donde linda con las propiedades de los Cardona”. Veo que se detiene momentáneamente, seguramente para recalcar lo que sigue: “Testigo de ello es el castillo de Terça, que dominaba la confluencia del Torrent de Castellar con el Aigua d’Ora y marcaba el final de los dominios de los Berga. Al otro lado del torrente, está el castillo de Terrers y ya estamos en tierra de los Cardona”. En fin, es un tema que da para mucho.

Pep y Carles me dejan atrás

Salimos a la carretera con el Xalet delante. Fue antiguo refugio excursionista, motor del esquí en su tiempo y centro para mil excursiones. Por desgracia, la construcción de carreteras hacia el Pirineo animó a los excursionistas a buscar horizontes más lejanos y pasó una mala época tras el cierre de la Estación de Esquí. Ha sido reformado extensamente y vale la pena visitarlo. Después de todo, los que vivimos en Berga lo tenemos a 15 minutos en coche.

El Xalet de Rasos de Peguera

Pero hoy nosotros tampoco paramos y continuamos por la Font Calders. Carles vuelve a perder contacto con el track y subimos una cuesta sin camino hacia el este. De repente, Carles desaparece en un hueco del terreno. Cuando reaparece, nos informa que su GPS vuelve a dar señales de vida. El hueco es en realidad un surco, indicio de un camino, y lo seguimos hacia abajo hasta tener la carretera a la vista. El camino la cruza mucho antes de llegar al Xalet. Damos la vuelta y seguimos subiendo. Llegamos a la carretera nuevamente, donde se junta el ramal de subida con el de bajada.

La Font Calders

Entramos en un camino ancho o una pista estrecha entre los dos ramales hasta salir por fin en la Plaça de la Creu, con los edificios de la abandonada estación de esquí.

Por fin llegamos arriba

Ya no subiremos más, pienso con alivio. Ha llegado el momento de recibir la recompensa de tanto esfuerzo y conocer ese camino que tanto ha elogiado Pep. Con un cielo que empieza a nublarse, bajamos por la carretera hasta el arranque de la pista que va a Els Rasets y la torre de comunicación. Tras unos 200 metros, dejamos la pista, pasando encima de la Font del Ca, y entramos en un bosque maduro de pino negro. El camino es casi plano y, dentro del bosque, es fácil imaginarse en pleno Pirineo.

El camino a El Far

Salimos a un mirador natural (El Far), donde Pep pensaba comer. Desde esa atalaya privilegiada, tenemos una vista de pájaro de los prados debajo. De repente, se oye una voz indignada que clama con palabras mal sonantes contra los propietarios de fincas de montaña y los ingenieros forestales. En los prados, se ha abierto una pista forestal nueva que va serpenteando hacia arriba hasta Els Rasets, dejando una cicatriz muy visible y nada estética.

El motivo de la indignación de Pep

Yo la había visto el año pasado en un paseo con mi mujer a Els Rasets. Por lo visto, se había aprovechado una pista para cortar bosque para prolongarla hasta la torre de comunicación, ya que la pista de arriba (la que seguimos nosotros durante unos 200 metros) está bastante deteriorada por la caída de piedras y la erosión. Pero para Pep, era la primera vez y, con el recuerdo de unos prados prístinos de visitas anteriores, el impacto es muy desagradable. De nada sirven mis intentos de consolarlo, apelando a la fuerza imparable del progreso.

Pero finalmente logramos calmarlo y comemos contemplando el paisaje, intentando asimilar los cambios producidos. Desde El Far, el camino continúa en ligera bajada, pasando entre árboles y rocas. Es encantador y altamente recomendable. Anotando antiguas carboneras, salimos a los prados, cruzamos la pista infame y buscamos un collado al sur. El cielo es cada vez más oscuro y Pep empieza a tener prisa.

El camino continúa

Una ‘fita’ enorme marca la entrada de un ‘grau’ espectacular. Entre los precipicios de la cara sur de Els Rasets, se ha creado este paso lo suficientemente ancho para permitir el paso de ganado hacia los prados de Rasos. Paso por un pasillo estrecho con rocas altas a cada lado y de repente, se abre una enorme vista mientras el camino baja hacia la derecha para salvar el desnivel. Pep está cada vez más impaciente, temiendo vernos atrapados en una tormenta, pero no puedo dejar de fotografiar este paso tan impresionante y le obligo a esperar.

 La 'fita' a la entrada del 'grau'

Y el camino de bajada desde el 'grau'

Por fin, quedo satisfecho que está todo retratado y continuamos la bajada, entrando en el bosque encima de los campos de Puigventós. Anotamos caminos que marchan hacia la izquierda y hacia la derecha que algún día habrá que investigar. Salimos a los campos y pasamos por las ruinas de la pequeña casa del Casalot. Quince minutos después, estamos en el coche. Las nubes, tan amenazadoras cuando estábamos arriba, ahora parecen más inofensivas y, de hecho, no llegó a llover durante toda la bajada.

La pequeña casa de Casalot con Puigventós detrás

Ahora viene San Juan, yo me voy unos días a Portugal, Pep está trabajando en excavaciones arqueológicas y Carles tiene un cursillo. No sé cuándo nos volveremos a ver.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11 km; 700 metros de desnivel acumulado.

10/6/2016 – Llinars (Cal Sant Pere)

Todavía me molesta la tos. Aunque me parece ver la luz al final del túnel, persiste una sensación de debilidad. Se ve que en Inglaterra, el mismo virus está haciendo estragos y además, sus efectos duran semanas y semanas.

Para hoy, Pep quiere entrar en el Valle de la Corba por el Grau de l’Olivell. Aparcamos en la carretera de Rasos de Peguera, en la entrada de la pista de la Corba. Bajamos por el camino a la casa de Els Porxos. Todavía no han traído aquí las vacas y la larga hierba está cubierta del rocío de la mañana. Bajamos en diagonal por los campos hacia el oeste, hasta entrar en el camino del Grau, el mismo que hice aquel día tan fatídico de abril de 2012.

Es un camino interesante con grandes vistas. Después de bajar suavemente se une con el camino que sube desde la casa de Castellar. Pep se para en uno de los muchos miradores naturales que permiten ver todo el valle de Castellar, hasta la carretera de Sant Llorenç de Morunys, con la casa de Can Blanc abajo y las sierras de Tossals y Busa detrás. Pep señala las paredes rocosas que marcan el límite sur del valle: “Aquí se ve claramente la división de propiedades entre los Berga y los Cardona. En la ribera izquierda, el castillo de Terça, límite de los dominios de los Berga; en la ribera derecha, el castillo de Terrers, que marca el comienzo del feudo de los Cardona”. Carles escucha atentamente, como si fuera la primera vez que oyera hablar de los Berga y los Cardona.

Vista desde el camino al Grau de l'Olivell.  Abajo se ve Can Blanc. El castillo de Terça estaría a la izquierda de la pendiente erosionada de color marrón y el castillo el Terrers al lado de los edificios en el pequeño cerro a la derecha

Encaramos la entrada del Grau de l’Olivell, una estrecha repisa inclinada. Llego arriba el último, soplando y tosiendo. Carles mira alrededor suyo: “Después de leer la entrada en el blog de Steve, me lo imaginaba más difícil.” Pep mira a Carles con asombro: “Después de tantos años, aún crees lo que pone en su blog. Si se asusta con todo y un salto de 2 metros, lo describe como si fuera de 200 metros”. “Es verdad”, dice Carles. “Aquí podría traer tranquilamente a mi hijo”.

Desacreditado nuevamente como explorador de montañas, ponemos rumbo a la casa de Matamala. Pasamos delante de las mismas vacas, que levantan la cabeza. “¿Otra vez vosotros?”, parecen decir. Bajamos por la misma pista que la semana pasada pero la dejamos en un torrente para seguir otro camino plano que va directo hacia una pared de roca en el fondo del valle. Aquí los escaladores han abierto alguna vía y el camino se mantiene gracias a ellos.

 En el camino a Cal Sant Pere

Ya más cerca del fondo del valle

Había venido aquí con Pep, mucho antes de empezar el blog. Adosada a la roca, había las paredes de una vivienda humilde y una escalera para acceder a unas colmenas excavadas en la roca. Todo esto sigue aquí, tal como lo dejamos, más alguna cuerda que han dejado los escaladores. Es uno de los lugares más agrestes de este valle.

Lo que queda de Cal Sant Pere

Tras un breve descanso, continuamos por un camino apenas visible que sube hacia Can Garrigas. “Parece que no ha venido nadie desde la última vez que venimos”, dice Pep. Bordeamos precipicios con un paisaje espectacular. Llegamos a la pista de Can Garrigas y giramos a la derecha, buscando la entrada del camino a La Corba. Me noto muy cansado.

El camino casi invisible de Cal Sant Pere a Can Garrigas

Una vez localizada la entrada, paramos para comer. Por primera vez en muchos meses, Pep no tiene prisa para llegar a casa y disfrutamos de una larga sobremesa. El cielo se va oscureciendo. En algún lugar, caerá una tormenta.

Emprendemos la ruta otra vez hacia el fondo del valle, unos 75 metros por encima del camino anterior que venía de Cal Sant Pere. No está tan bien conservado que el camino de la semana anterior pero es igualmente atractivo y altamente recomendable. Es una lástima que nada de esto consta en el mapa del Alpina. Decididamente, éste es el valle de los caminos paralelos y aún habría uno más que pasa por encima de la Cova de les Llosanques hacia la Serra de Cal Jardí (ver la salida de 1/7/2011).

Cruzamos el lecho seco del torrente y subimos por el bosque hasta la pista que viene de Matamala. Es una pista pesada con una larga subida hasta las ruinas de la casa de La Corba pero, curiosamente, parezco haber encontrado nuevas fuerzas y subo apenas con esfuerzo. Hacemos un pequeño desvío para documentar un trozo que queda del camino antiguo y que corta una curva de la pista. Al llegar al coche, caen las primeras gotas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,2 km; 450 metros de desnivel acumulado.

lunes, 8 de agosto de 2016

3/6/2016 – Llinars (Matamala)

Ha habido un descanso obligado por la Patum y cuando nos volvemos a ver, me presento con una tos molesta, apodada el “virus de la Patum” porque después de las lluvias durante las celebraciones, se ha propagado como la pólvora por la ciudad. Me pregunto si sería mejor quedarme en casa pero ha sido una semana muy dura de trabajo y, a pesar de mis quejas, una salida con Pep y Carles no tiene precio. E igual el ejercicio y el aire limpio me ayudarán a curarme.

Aparcamos cerca de la casa de La Ribera en lo que era el tramo inferior del ferrocarril que venía de Catllarí, al pie del teleférico que vimos hace dos semanas. La primavera está siendo espléndida y, a estas horas, todo tiene un aire fresco.

“¿Dónde vamos?”, pregunto a Pep. “Vamos a hacer todos estos caminos nuevos que no te dejé seguir la vez anterior. Solo pido un pequeño favor a cambio. Hay un topónimo sospechoso en Matamala, el Serrat de les Lluelles”.

Lo primero es buscar la continuación del camino que subía al collado de La Grau pero desde el este. Cruzamos la Riera de Cal Companyo y subimos al otro lado, buscando el camino. Subo la cuesta tosiendo como un tuberculósico, parando cada 5 minutos para escupir una flema blanquecina que viene desde las profundidades de mis pulmones. ¿Y si no es una simple tos sino los primeros síntomas de una bronquitis o una pulmonía?, me pregunto. ¿O me volveré asmático? ¿O resulta que ahora soy alérgico al polen o simplemente a estar al aire libre?

Ajenos a estas preocupaciones, Pep y Carles no tardan en encontrar un camino que va zigzagueando hacia arriba que luego se aplana y va directamente hacia el collado. “Primer objetivo conseguido”, dice Pep. Mientras intento recuperar el aliento, hago señales para indicar mi alegría. “Tienes que dejar de fumar, Steve”, me dice Carles. “Mira que te lo hemos dicho”. Muy gracioso, pienso.

Entramos nuevamente en el camino a la Palanca de Sant Lleir. Con menos pendiente, la tos se calma. Será un patrón que se irá repitiendo a lo largo del día. Más pendiente, más tos. Menos pendiente o plano, paz y silencio.

El camino de la Palanca de Sant Lleir, visto desde el otro lado del torrente, con la Serra de Busa al fondo

Nos desviamos por la pequeña variante que vimos el otro día. Pasamos a pie de pared, donde vemos un pequeño refugio creado en la roca y unas diminutas zonas de cultivo colgadas sobre el precipicio. Alguien vivía aquí en algún momento. Un camino muy tenue pasa por un ‘grau’ y estamos al otro lado, donde entramos en otro camino más consolidado. Será el camino nuevo que vimos que bajaba desde los campos de Cal Valentí. Primero lo seguimos hacia abajo; al cabo de 50 metros, empalma con el camino de la Palanca de Sant Lleir. Damos la vuelta pero el camino se pierde en los campos. Subimos hasta la pista sin camino y lo volvemos a probar desde arriba. Se vuelve a perder pero un débil zigzag que apunta hacia donde lo perdimos abajo nos parece una prueba suficiente y volvemos a la pista.

Subimos unos 150 metros más por la pista hacia Cal Valentí y luego nos desviamos por la derecha por un camino que sigue otra faja del valle del Agua de la Corba, unos 75 metros por encima de la faja que seguimos hace dos semanas. Este camino está mejor conservado y tiene un trazado muy bonito, buscando el paso entre las rocas. Las vistas hacia delante y hacia atrás son preciosas, hace una temperatura ideal, el camino es fácil, cantan los pájaros. Durante unos minutos me olvido de mi preocupante estado de salud y me dejo llevar por la belleza del momento.

 Mirando hacia el fondo del valle, en el camino de Cal Valentí

Llegamos al fondo del valle, cruzamos la riera y continuamos por una pista larga que va hacia la casa de Matamala. Me quedo atrás y cuando atrapo a Carles y Pep, están enfrascados en una conversación sobre los límites territoriales entre feudos. “Piensa que esta zona es crucial”, dice Pep. “Aquí se tocan dos señoríos. El castillo de Terça marcaba el final de las propiedades de los Berga y el castillo de Terrers, al otro lado del Torrente de Castellar, señalaba el comienzo de las propiedades de los Cardona”.

Vuelvo a quedarme atrás en esta larga subida, aquejado de un ataque de tos. Cuando les atrapo nuevamente, la conversación me parece extrañamente familiar: “Fíjate, Carles”, dice Pep. “El territorio de los Berga no empieza hasta el castillo de Terça, encima del Torrente de Castellar, ya que hasta allí llegaban las posesiones de los Cardona, cuyo límite lo marcaba el castillo de Terrers”.

Miro mi reloj, a ver si nos hemos quedado atrapados en un bucle de tiempo-espacio, pero no, han pasado 10 minutos desde la última vez. Llegamos a Matamala, una casa intacta aunque algo dilapidada. Aquí había el topónimo extraño. Pep albergaba esperanzas de encontrar un dolmen y damos una batida por los alrededores. Lo único que encontramos es una pila de piedras sospechosas en un grupo de árboles que podrían ser medievales, dice Pep.

La casa de Matamala

Nos alejamos de las vacas y buscamos un sitio para comer. Cuando reemprendemos la marcha, buscamos el camino que no supimos ver la última vez. Lo encontramos pero, o bien éramos muy buenos hace 10 años, con una agudeza visual excepcional, o el camino se ha difuminado desde entonces, porque seguir su trazado se ha convertido en un ejercicio de rastreo digno de un comanche, adivinando su paso a base de cambios sutiles en el terreno.

El camino que nos llevará al pie del teleférico

Empalmamos con el camino de Cal Verge pero esta vez continuamos, bajando por la Rasa del Pelat hasta llegar al antiguo ferrocarril, ya cerca del coche y con el edificio del teleférico encima nuestro, en lo alto del precipicio.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,2 km; 490 metros de desnivel acumulado.

jueves, 14 de julio de 2016

20/5/2106 – Llinars (El Castillo del Grau)

La semana siguiente fui a Inglaterra y Carles y Pep hicieron una última salida a la Riera de Merlès, recorriendo el camino de la Minuta desde el puente de Montclús hasta el castillo de Llucà. “Muchos kilómetros de pista”, me dirá Carles después.

Ha llegado el momento de cambiar de sitio. “Que decida Carles”, me dijo Pep por teléfono. Llamo a Carles. “¿Dónde quieres ir?”, le pregunto. “Conozco muy poco la zona de Llinars y Castellar del Riu”, me dice, después de pensarlo unos minutos. Llamo a Pep: “Me dice Llinars y Castellar del Riu”. “Muy bien. Así repasamos,” me contesta Pep.

Hace bastantes años, antes de empezar el blog, hicimos un repaso de la zona de Llinars, incluyendo el valle que separa las casas de La Corba y Matamala, por un lado, y las de Cal Valentí y Can Garrigas, por otro lado. Es una zona bastante agreste pero en aquella ocasión, tuvimos la sensación de haberle hecho un buen repaso y que quedaba poco más por hacer.

Aparcamos al lado de la iglesia de Sant Iscle. Hace tiempo que no venimos aquí y hay un cambio que se ve enseguida y que domina todo el valle: una cantera de yeso que ha convertido los campos debajo de la casa de Balcells en una importante explotación a cielo abierto. Los del camping deben estar encantados.

La iglesia de Sant Iscle

Desde la iglesia, tomamos la pista que va hacia la casa de La Grau, pasando por el Coll de Cabramorta. Con las lluvias recientes, está todo muy verde (quitando la cantera) y aún no hace mucho calor. Así da gusto caminar por la montaña.

Al situarnos bajo la casa de La Grau, vemos un camino que sube en diagonal y lo seguimos. Es un camino nuevo para nosotros y nos deja justo en el collado al lado de la casa y vemos su continuación que baja al otro lado. “Tantos años viniendo aquí”, lamenta Pep. “Lo teníamos delante de los ojos y no lo hemos sabido ver hasta hoy”.

No seguimos la continuación; nos apartaría demasiado de la ruta que Pep tenía planeada pero, para proseguir la educación de Carles, visitamos los restos del castillo medieval, que ocupaba el pequeño promontorio delante de la casa y, cuando no estaban los árboles, permitiría dominar toda la zona con la vista.

Lo que queda del castillo del Grau

Dejando un camino tenue que tampoco habíamos visto antes, continuamos por el camino que nos lleva a la Palanca de Sant Lleir, un paso que permite cruzar el Aigua de la Corba y que sería uno de los caminos para ir a Matamala. Nos desviamos para ir a Cal Verge, una cueva aprovechada para hacer una pequeña vivienda debajo del camino que arranca desde la Palanca de Sant Lleir para bajar hacia la casa de La Ribera. Ocupa una pequeña repisa con un precipicio a 10 metros de las paredes de la casa. La vista sería espectacular si no fuera por los árboles que obstruyen todo.

Cal Verge

Volvemos atrás e intentamos conectar con el camino que sube a Matamala. No lo encontramos. Un camino aparentemente surgido de la nada muere en una carbonera y volvemos a subir sin camino hasta llegar a la pista. Giramos a la izquierda para buscar el fondo del valle del Aigua de la Corba. Desde aquí sale un camino que recorre una faja de tierra por el lado norte del valle, saliendo en la pista debajo de la casa de Cal Valentí. Tras unos primeros momentos de confusión por no encontrar la entrada del camino, tapada por un pequeño corrimiento de tierras, cruzamos la riera y entramos en la estrecha faja que recorre la roca en ligero ascenso. Es tenue pero se sigue bien. ¡Qué recuerdos me trae de tiempos pasados cuando éramos jóvenes y guapos y muchos mapas todavía estaban en blanco!

Justo antes de entrar en la pista, vemos un camino que baja a la izquierda y que tampoco conocíamos. ¿Pero estábamos ciegos hace 10 años? Está claro que esta zona no la tenemos tan resuelta como pensábamos. Comemos cerca de la pista, a la sombra de unos árboles, que el sol ya pica.

Pep no me deja explorar este camino nuevo sino que baja por el otro lado de la cresta para mostrar a Carles la vía de tren que se hizo para bajar los troncos de los bosques de Catllarí hasta un aserradero en la carretera actual de Sant Llorenç de Morunys. Esta vía va hacia el final de la cresta pero antes de llegar, se supone por un error de cálculo, hace un zigzag con unas curvas muy cerradas hasta salir a la construcción donde había un teleférico. Todavía me cuesta pensar cómo consiguieron maniobrar los vagones con esos troncos enormes por las curvas. Y la bronca que le habría tocado al ingeniero responsable del error debe haber sido tremenda.

 La estructura del teleférico

Y la vista con la nueva cantera. Abajo, la iglesia de Sant Iscle y Busa detrás

Una vez inspeccionado el edificio del teleférico, intentando no mirar la caída de 200 metros limpios a mi derecha, retrocedemos y luego bajamos sin camino hasta empalmar con la pista encima de la casa de La Grau. Media hora después, estamos en el coche.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,3 km; 380 metros de desnivel acumulado.

6/5/2016 – La Riera de Merlès – Buscando el camino de Alpens

Pablo, un sobrino de mi mujer, ha venido de Chile para hacer un recorrido turístico por Europa y no se le ha ocurrido mejor sitio donde empezar que Berga, ciudad perdida en el interior profundo de ese pequeño país llamado Cataluña. Y tal es la fama de mi blog en Chile que está impaciente por acompañarnos en una salida y conocer en persona a sus protagonistas tan peculiares.

Empezamos con un tiempo muy incierto que es el preludio de varios días de lluvia. Pep quería volver al Pont de Roma. En enero de 2010, hicimos algunas salidas por esta zona, siguiendo algunos caminos hacia Tor de l’Espà. Ahora, quería ir más hacia el norte, buscando los grandes caminos hacia Alpens y Ripoll.

Aparcamos en la carretera, cerca del Pont de Roma. Antes de iniciar la caminada, inspeccionamos los alrededores, encontrando los agujeros de una antigua presa en las rocas. Luego toca una nueva mirada al puente. Con la perspectiva que le da la experiencia, Pep detecta unas piedras de factura medieval en la base de las columnas. Este concepto “medieval” todavía es muy nuevo para Pablo y mira con un interés renovado estas piedras bien talladas y alineadas.

Más agujeros en la Riera de Merlès

Caminamos por la pista que sigue el Torrent de Roma. Después de dejar atrás los edificios, entramos en un terreno incierto. Cruzamos antiguos campos; es muy difícil saber si los caminos que vemos son auténticos o hechos por las vacas. Y además los árboles anulan cualquier vista que podamos tener del entorno. Nuestro mundo se circunscribe a unos 200 metros a la redonda.

Subiendo la pista desde el Pont de Roma

Cruzamos un torrente, siguiendo un camino con un aspecto más genuino que luego da paso a otra pista antigua. Al final, Pep se cansa y sube en línea recta. Llegamos a una pista importante pero no podemos pasar. Una valla con tres líneas de alambre de púas nos barre el paso.

Pep se sienta y consulta todos los mapas que tiene a su disposición: los míos de 1:5000, el mapa del Alpina y el mapa antiguo del Ejército de Carles. Tras varios minutos de estudio intenso, emite sus conclusiones: “Esta pista viene de Tor d’Espà pero yo quería entrar en ella más arriba. Nos hemos equivocado de pista en el Pont de Roma”.

O sea, todo lo que hemos hecho hasta ahora ha sido una pérdida de tiempo. ¿Y por qué habla de “nosotros” si el único que se ha equivocado es él? Pero, en honor a nuestro invitado, reprimo estos pensamientos y sigo a los demás, que van subiendo al lado de la valla, buscando algún sitio donde pasar. De repente, aparece un surco profundo que marcha hacia la izquierda, el oeste. “Eso sí que es un camino”, proclama Pep. “No esos rastros sin categoría que hemos seguido hasta ahora”.

El camino, bastante tapado, desemboca en una pista tras unos 200 metros y continuamos hacia el oeste. Saco el GPS y miro el track. Veo una línea más o menos recta que va en un sentido, una curva hacia arriba y luego otra línea más o menos recta pero en el sentido contrario, paralela a la primera. No puedo callar más mi irritación: “Esto es absurdo. Mi sobrino político no ha hecho 13.000 kilómetros para vagar sin rumbo por el bosque”. “Si quieres hacer rutas bonitas, ya sabes dónde están”, replica Pep. “Tú mismo”. No queriendo ser el centro de una disputa, Pablo se apresura a intervenir: “No se preocupen. Me gusta estar aquí. En Chile, tengo que hacer muchos kilómetros para ver tantos árboles juntos”: En eso se pone a llover. Pep, previsor a pesar de todo, ha traído un paraguas para Pablo y los demás nos ponemos nuestros chubasqueros.

Conclave bajo la lluvia

Por suerte, la lluvia dura poco y continuamos. Salimos a una pista más importante y poco después, un llano con algunas ruinas. Es la casa de Roma. La pista le pasó por encima. Pep inspecciona los restos, visiblemente satisfecho. “¿Sabéis cuántos años he esperado para encontrar esta casa?”, nos pregunta retóricamente. “Esta es la pista que teníamos que haber seguido desde el Pont de Roma”. 

Esto es lo que queda de la casa de Roma

Continuamos un poco más por la pista y luego damos la vuelta hacia el Collet de Villegues. Aquí, hacia el sureste, marcha el valle que, enlazando torrentes, lleva a Alpens. “Es uno de los caminos más importantes de la zona”, afirma Pep. “Nos contemplan siglos de historia”. “Sí, pero ahora es una vulgar pista como cualquier otra”, contesto. Delante, tenemos la casa de Can Cases, un poco dilapidada pero todavía en pie y con signos evidentes de ser usada por los leñadores como refugio.

Can Cases

Damos la vuelta y, en el cruce encima del Collet de Villegues, tomamos la otra pista que marcha hacia el Tor d’Espà, la que tiene el alambre de púas. Al llegar al punto donde no pudimos pasar, vemos las ruinas de una casa, la Casa de la Fusta, y, 5 metros más allá, una abertura creada en la valla para que pudieran pasar las personas. Ironías de la vida.

Nos desviamos de la pista para pasar por las casas de Coma Ermada y Coma de Grau, donde comemos. No deja de ser curioso que aquí, ahora totalmente desierto, donde solo se ve bosque, antes había una pequeña comunidad dispersa. Continuamos hacia el Pont de Roma, enlazando con el camino de Tor d’Espà, ahora marcado como continuación en el Lluçanès de la Xarxa Lenta berguedana y que seguimos en la salida del 29 de enero de 2010. Las huellas de las motos todavía se ven tan profundas como hace 6 años.

La gran casa de Boatella vista al bajar hacia el Pont de Roma

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,4 km; 400 metros de desnivel acumulado.

lunes, 4 de julio de 2016

29/4/2016 – Salselles (Buscando el camino del Lluçanés)

Para hoy, Pep propone ir hacia el sur en vez del norte. Y yo le propongo que sigamos la pista que recorre la ribera sur del Torrent de Salselles en vez de la ribera norte. Igual nos sale alguna cosa nueva e interesante.

Aparcamos en el mismo sitio que la semana pasada, encima del puente que pasa por el camping. Sin embargo, ha llovido estos días y al entrar en la pista, que pasa por la umbría, se nota sus efectos enseguida, con muchos tramos fangosos.

Como he elegido yo la ruta, no tengo derecho a quejarme, me recuerda Pep, y vamos progresando intentando no hundirnos en el barro. En todo el recorrido hasta el puente que cruza el Torrente, sólo vemos un camino, que Pep no duda en descalificar como forestal. Sin embargo, al bajar el track al mapa, pienso que podría ser el camino a la casa de Angelats.

Al llegar al puente, giramos hacia el sur y pasamos por las ruinas de Angelats. La pista continúa hacia el sur pero Pep quiere ir hacia el este, a la casa de Vila-d’heures. Pasamos por el bosque, siguiendo los postes de hormigón que marcan el límite del municipio de Borredà hasta llegar a una pista transversal.

Giramos a la izquierda y llegamos a un cruce importante donde vemos los postes de la Xarxa Lenta. Carles saca el mapa antiguo del ejército, previo al vuelo de los americanos, que se basó en los mapas de las Minutas para cartografiar los caminos. Por lo visto, donde estamos ahora era un camino importante que cortaba la curva de la Riera de Merlès y venía del Pont de Montclús rumbo al Lluçanés.


Salselles desde la pista camino a La Roqueta. Al fondo, las montañas del Valle de la Portella

Pero ahora es una pista. Giramos hacia el norte. El mapa marca una línea de casas. A la primera, Cal Bermelló, le pasó la pista por encima y sólo queda una línea tenue de piedras que marcaba el perímetro de la casa. Después, Cal Perot y Cal Rabat, unas casas pobres en ruinas y apenas visibles en la vegetación, hasta llegar a La Roqueta, también en ruinas, pero con vistas bonitas. 

La casa de La Roqueta

Comemos sobre una explanada rocosa mirando hacia el Lluçanés, una tierra de bosques, casas con campos y cerros suaves y ondulantes, y detrás las montañas del Ripollés. “No lo mires mucho”, me dice Pep. “Esto es tierra prohibida para nosotros. Allí no tenemos nada que hacer”. Propone volver a Salselles por el Collet del Boix y el Serrat del Cel.

El Lluçanés. Aquí no tenemos jurisdicción

Avanzamos un poco más hacia el norte, hasta llegar a un cruce de pistas y luego bajamos por un camino a la izquierda. Aquí entramos en un pequeño laberinto bajo la casa de La Roqueta que algún día habrá que desentrañar. Vamos dejando arranques de camino que Pep no quiere seguir porque no van en la dirección que él quiere. Es muy confuso todo.

Por fin, un camino más claro nos deja en el Collet del Boix pero allí el camino vuelve a perderse. Vagamos bajo la Carena de la Pica, buscando algo que se pareciera a un camino que nos podría llevar a Salselles. Finalmente, entre terrazas de antiguos campos, vemos algo que podría ser un camino y lo seguimos. Ya a las puertas del pequeño pueblo, Pep me señala una piedra, que sería la base de una cruz de término. Volvemos al Camping por la pista de la semana pasada, pero sin ninguna película que comentar, se me hace mucho más larga.

La base de la cruz de término

En toda la salida de hoy, he tenido la clara sensación de que alguien en algún momento decidió deliberadamente convertir en pistas forestales todos los caminos públicos marcados en la Minuta, sin duda con la loable intención de mejorar las comunicaciones. El resultado es una bonita red de pistas para hacer en 4x4 pero yo me voy de aquí con cierta insatisfacción.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12 km; 290 metros de desnivel acumulado.

22/04/2016 – Salselles (Caminos a la Boatella)

Hoy por fin toca Salselles. Lo había propuesto ya a principios de año como lugar a visitar. Se trata de una antigua parroquia incorporada al municipio de Borredà, bordeando la ribera izquierda de la Riera de Merlès. La Minuta de Borredà, muestra unos cuantos caminos y tenía la esperanza de que algunos todavía se conservaran como tales.

Subiendo la carretera al lado de la Riera de Merlès, aún paramos un par de veces para mirar agujeros en la roca. Desde su desembocadura en el río Llobregat hasta el límite norte del municipio de Borredà, la riera está llena de molinos.

Aparcamos cerca del puente que va la camping del Merlès. Debajo, más agujeros en la roca y, un poco más abajo, los restos de la balsa y obrador del molino. Aguas arriba, se ve la casa del molino de Vilardell. Este molino marcó el límite sur de nuestra campaña en Boatella en el invierno de 2009-2010, cuando decidí empezar el blog.

El molino de Vilardell

Emprendemos la larga pista desde el camping hacia el pequeño pueblo de Salselles y, mientras andamos, Pep nos cuenta la película biográfica de Marcelino Sanz de Sautuola, miembro de la alta burguesía asturiana y descubridor científico de las pinturas rupestres de Altamira.

Su descubrimiento fue rechazado por la comunidad científica del tiempo, encabezada por el francés Cartailhac, y por poco no le acusaron de fraude. También tuvo en contra a la Iglesia y quedó desacreditado en la sociedad. No fue hasta 20 años después, ya muerto, que se descubrieron pinturas similares en Francia y se reconoció la autenticidad de las pinturas españolas.

“Si eso me pasara a mí y supiera que tengo razón, no me afectaría lo que pensaran los demás”, concluye Pep. “No me lo creo”, contesto. “Tienes que situarte en el contexto del siglo XIX. Estar bien considerado en la sociedad formaba parte de tu identidad. Sin nuestros conceptos del siglo XXI, estaríamos igual que todos los demás”.

Pero Pep tiene una fe enorme en su autonomía intelectual y no se deja convencer. En eso llegamos a Salselles. Pasamos por las ruinas de una casa grande y llegamos a la iglesia. Antes de la puerta, unas columnas cuadradas que habrían formado una especie de pasillo. Entramos en la iglesia. Encima de la puerta, lo que habría sido el coro, luego una gran nave con arcos labrados, una pequeña capilla a la izquierda, luego el edificio se vuelve a ensanchar, acabando con un espacio donde habría estado el altar y el pulpito del cura.

Nos acercamos a Salselles

Mirando los distintos elementos, Pep empieza a leernos la historia de la iglesia. “Hubo una iglesia románica original, orientada de este a oeste. Luego, en el siglo XVII o XVIII, hubo una gran ampliación. Se cambió la orientación de norte a sur, creando el altar y las capillas con estilo gótico. Se aprovechó la puerta original de la iglesia para conectar una rectoría. Más tarde, en el siglo XIX, se hizo el coro y, al final de todo, las columnas fuera. “Resumiendo”, digo, cuando ya llevamos 40 minutos aquí, “alguien se gastó mucha pasta para estar más cerca de Dios”. “Piensa que aquí era un santuario y venía gente a hacer retiros. Eso explica la casa detrás, que seguramente era una hospedería”, añade Pep.

El interior de la iglesia, mirando hacia el sur

Y mirando hacia el norte

Mientras Pep y Carles siguen inspeccionando el resto del pequeño núcleo, yo les espero a la entrada del camino que quería seguir, al lado de Can Pou, escuchando los pájaros, que por aquí hay muchos. Cuando por fin salen, Pep retoma un tema ya conocido: “No entiendo porqué vienes con nosotros si no te interesa la historia”. Intento adoptar un ademán digno: “Me debo a mis lectores. El blog cumple una función informativa imprescindible”. “Tu blog es puro cotilleo”, dice Pep, despectivamente. “Apenas dedicas dos líneas a las cosas realmente importantes. Además”, concluye, “está todo distorsionado. Es como leer un partido del Barça en la prensa deportiva de Madrid”. “Te equivocas”, contesto. “Son precisamente esos detalles humanos que le dan al blog su interés. Y que conste que no cuento nada que no haya pasado”.

Seguimos el camino hacia el norte. Es un camino auténtico que va directamente hacia Boatella. En las pendientes, las motos han cortado profundos surcos. Cruzamos una pista y continuamos por el camino hasta llegar a la casa de La Pica. “Aquí hay paredes medievales”, dice Pep. “Parece una torre. Pero, ¿por qué una torre aquí, en medio de un valle? Me empieza a gustar esta zona”.

La casa de La Pica. Observad las ampliaciones sucesivas; la parte a la izquierda parece la más antigua

Continuamos hacia el norte por una pista, hasta salir a otra pista que recorre la cresta, la Carena de la Riera. A partir de aquí, hay caminos que bajan hacia Boatella pero ya no los seguimos sino que giramos hacia el oeste. Aquí comemos. Carles estudia el mapa del Alpina. En la Serra de Vila-seca, hay tres casas colocadas prácticamente en línea.

Continuando por la pista, pasamos delante de una casa nueva llamada La Xuriguera. Está equipada como casa rural de lujo, con piscina, terraza y un extenso jardín. “No quiero ni pensar cuánto debe costar alquilarla”, pienso. 

La Xuriguera ... para una boda inolvidable, por ejemplo

Llegamos a una curva de la pista, con la casa de La Serra a la vista. Con Carles como guía, subimos hacia el Serrat de la Atalaia y caminamos por la cresta, confiando en encontrar pronto la primera casa. Vemos bosque pero ninguna casa. Empiezan a verse antiguos campos pero todavía no hay ninguna casa. Se nos acaba la cresta y por fin encontramos un camino, que luego empalma con otro y que algún día habrá que explorar en profundidad. Salimos a una zona despejada y vemos otra cresta al norte, al otro lado del valle. Hemos ido en la dirección contraria. “Suerte que no llevaba yo el mapa”, pienso. “La bronca que me habría caído”.

Conseguimos llegar a la casa de Vila-Seca, todavía habitable pero sin modernizar. Aquí llega la cresta que teníamos que haber seguido. “Aquí hay trabajo”, dice Pep, satisfecho. Una vez más, tengo que constatar mi papel de catalizador. Y luego Pep dice que no sabe porqué vengo. ¡Mi presencia es absolutamente necesaria! Gracias a mi sugerencia de la Riera de Merlès, ha descubierto infinidad de molinos y agujeros en las rocas. Y ahora aquí, en Salselles, se le ha abierto un mundo nuevo y ya sabe dónde venir el próximo invierno.

La casa de Vila-Seca, más auténtica 

Con esos pensamientos, bajamos lo que queda de la cuesta y seguimos la pista hasta el camping. Nada más llegar al coche, empieza a tronar.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,8 km; 320 metros de desnivel acumulado.